lunes, 27 de enero de 2014

El peso argentino se desploma en una nueva crisis cambiaria




El peso argentino sufría la pasada semana su mayor caída desde el año 2001, cuando se vio inmerso en el corralito. La depreciación sufrida por la moneda argentina provocó de nuevo alarma entre la población y los grandes capitales, viendo quebrado su poder frente al dólar.

Si bien el miércoles por la mañana un dólar se podía adquirir en el mercado oficial por 6,89 pesos, por la tarde su precio ascendía a los 7,13 pesos. El jueves la moneada argentina experimentaba una devaluación de hasta el 12% respecto al día anterior, por lo que el Banco Central ahora si tomó medidas, habiendo declinado tal opción el miércoles esperando que el mercado se autorregulara de algún modo. El Banco Central tuvo que vender unos 100 millones de dólares procedentes de sus reservas para intentar evitar que el peso siguiera depreciándose. El problema es que dichas reservas hace varias semanas que bajaron de los 30.000 millones de dólares, encontrándose en la actualidad en su nivel más bajo desde hace siete años. Se logró frenar la acusada devaluación, que el gobierno argentino se empeña en denominar “política cambiaria de flotación administrada del tipo de cambio”, aunque a todas luces sea una devaluación monetaria, quedando el dólar a 8 pesos en el mercado oficial.

El jefe del Gabinete del ejecutivo argentino, Jorge Capitanich, comparecía asegurando que todo lo sucedido se debía a movimientos del mercado: “no ha sido una devaluación inducida por el Estado, sino la libre oferta de demanda la que se expresó”. Del mismo modo, Capitanich anunciaba la nueva medida que el gobierno de Cristina Fernández aplicará desde hoy lunes, mediante la cual los argentinos podrán comprar dólares en el mercado oficial, cuestión que se fue volviendo imposible desde finales de 2011, debido a las restricciones impuestas. Estas restricciones fueron implantadas de forma paulatina por Fernández tras ganar por segunda vez las elecciones: los bancos y casas de cambio eran obligados a pedir permiso antes de realizar una transacción, en los meses siguientes se les prohibió a las empresas girar dividendos al exterior, las pensiones provenientes de fuera del país se retribuían en pesos y en julio de 2012 se prohibió la compra de dólares con fines de ahorro, con todo esto los medios no tardaron en acuñar el término de "cepo al dólar" para tan severas limitaciones, término que no gusta a la presidenta argentina.

Cambio entre pesos y dólares
Ante dichas restricciones, el pueblo no se resignó a no poder adquirir dólares, y si no podía hacerlo de forma oficial lo hacía de forma fraudulenta en un mercado paralelo, conociéndose al dólar adquirido de esta forma dólar blue. En mayo de 2013 el precio del dólar blue superó los 10 pesos y pasó a llamársele dólar Messi. En estos momentos el dólar paralelo ronda los 12 pesos frente a los 8 del oficial.

El ministro de Economía argentino, Axel Kicillof, muy molesto por la creciente subida del precio del dólar, tanto oficial como paralelo, proclamaba que “los mismos que nos dijeron durante diez años que el dólar valía un peso son los que hoy nos quieren convencer de que vale 13. Así que saquen sus propias conclusiones”, refiriéndose al gobierno peronista de Carlos Menem. Kicillof ve intereses particulares detrás de estas depreciaciones del peso, acusando expresamente a la compañía petrolera Shell de querer desestabilizar “el proyecto económico”, según el ministro la depreciación se produjo a causa de un pedido de 3,5 millones de dólares efectuados por Shell, “que quiso poner el dólar en 8,40”. Ante estas declaraciones, el presidente de Shell en Argentina, Juan José Aranguren, salió a desmentir las acusaciones de Kicillof, y no sería el único ya que a la opinión pública le resulta difícil creer que una compra de 3,5 millones de dólares sea suficiente para desestabilizar la economía argentina, de ser así muy mal debe de estar ésta o muy mal lo debe de estar haciendo el propio ministro de Economía.

Jorge Capitanich, jefe del Gabinete y Axel Kicillof, ministro de Economía
En este panorama de absoluta incertidumbre, ni Capitanich ni Kicillof parecen andar por la senda adecuada, que les lleve a corregir o en cualquier caso regular la situación económica, más bien cabría pensar que ambos caminan por sendas diferentes sin un destino definido. Jorge Capitanich, que se postula como la gran apuesta del kirchnerismo para las elecciones presidenciales de 2015, ve devaluada su candidatura con las constantes correcciones públicas que recibe por parte de varios ministros, entre los que se encuentra el propio Axel Kicillof. El ministro de Economía tampoco disfruta de la confianza ni del pueblo argentino ni de algunos de sus propios compañeros del Ejecutivo; su credibilidad está en tela de juicio y con esta nueva crisis cambiaria se juega una vez más el ser o no ser.

La medida tomada de permitir a los ciudadanos argentinos comprar dólares está limitada a 2.000 dólares por persona física, con un recargo del 20% sobre el dinero adquirido, salvo que ese dinero se deposite en una entidad bancaria por un plazo mínimo de un año, quedando en este supuesto exento de tal recargo. Los ciudadanos autorizados a comprar la divisa americana serán los trabajadores y pequeños empresarios que ganen el equivalente a dos salarios mínimos al mes, es decir, 7.200 pesos. Una medida que más que favorecer al pequeño ahorrador parece beneficiar al propio Estado, quedando el dólar atrapado en el sistema financiero. Un parche más que viene a seguir obviando el verdadero problema de la economía argentina, la inflación. Pero cuando es el propio Gobierno el que pretende esconder el problema, reconociendo que dicha inflación se sitúa en el 10,9% del PIB cuando realmente ronda el 25%, esperar que suceda algo positivo y la tendencia cambie resulta bastante complicado. Más aún cuando la propia presidenta de Argentina, Cristina Fernández, sale a escena y tras un extenso discurso ni siquiera menciona la palabra “devaluación”, para seguidamente dejar el país rumbo a Cuba donde le esperaba Fidel Castro para almorzar.

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