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| Luis de Guindos |
El
ministro de Economía, Luis de Guindos, concedía recientemente a la Cadena Ser una
entrevista en la que aseguraba que en 2014 se producirá creación neta de
empleo, la cual será “incluso superior” a la prevista en el mes de septiembre,
mes en el que se elaboraban los Presupuestos Generales del Estado. De Guindos
apostillaba que “ya se preveía que, en términos de EPA, habría creación neta de
empleo en 2014, pero ahora los datos van a ser mejores”, aunque no se
aventuraba a dar cifras.
El
ministro defendía la reforma laboral acometida argumentando que con ella “la
dinámica en el mercado laboral será mucho mejor” en este año 2014 que recién
empieza. Palabras que inevitablemente proporcionan un hilo de esperanza al
demandante de empleo, sumido en el desánimo, que puede encontrar en ellas la
oportunidad de un puesto de trabajo.
Convencido
de la recuperación económica, De Guindos, anunciaba que “el consumo se
recuperará cuando se recupere la confianza” y según él esto sucederá “cuando el
ciudadano español pierda el miedo a perder su trabajo”. Luis de Guindos,
posiblemente el ministro de mayor credibilidad del gobierno de Mariano Rajoy se
mostraba así considerablemente optimista o cuanto menos esperanzador de cara al
futuro, lo único que podría producir contrariedad es su pretensión de que el
ciudadano ya empleado deba perder el miedo a quedar en paro. En un país como
España donde el paro abandera las penurias de su sociedad, perder el miedo a
quedar desamparado de tal manera resulta harto complicado, por no decir
imposible, pudiéndose aceptar de mejor grado el hecho de que se deba ir
perdiendo la desconfianza actual al consumo.
Sin
embargo, no siempre es la falta de confianza la que frena el gasto del
consumidor, la carencia de recursos imposibilita en gran medida el consumo. De
cualquier forma si hablamos de confianza no sólo habría que hablar desde el
lado del consumidor, el distribuidor también debe ser metido en esta fórmula,
pues a él también se le debe pedir que aparque el recelo en sus ventas,
adaptando los precios a la realidad del cliente. Y por supuesto, no hay que
olvidarse de la banca la cual es vital que gane en confianza, que relaje su
política de créditos y facilite el acceso a los mismos de las familias
españolas.
En cuanto a los
impuestos que gravan la economía, el ministro aclaraba que los impuestos tienen
que proporcionar financiación para cubrir los gastos públicos esenciales, pero
también que deben producir "efectos positivos" en el consumo, la
inversión y el ahorro. En cuanto a la reforma tributaria prevista para este
año, destacaba especialmente el caso del IRPF el cual “tiene que ir a revertir
la subida que se hizo a finales de 2011”, del IVA aseguraba que no se prevén
“cambios significativos, en absoluto”, mientras que admitía la necesidad de una
reforma en el Impuesto sobre Sociedades con “tipos más bajos para eliminar
deducciones que no tienen sentido y que implican cierto dirigismo fiscal, sin
sentido en una economía moderna”.

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