jueves, 20 de marzo de 2014

Toyota castigada con la mayor multa criminal a una empresa automovilística



 
La empresa japonesa Toyota Motors Corporation deberá hacer frente a la mayor multa de la historia aplicada a una compañía automovilística. El Gobierno de Estados Unidos (EEUU) acordaba con Toyota el pago de 1.200 millones de dólares (más de 830 millones de euros) tras acusar a la nipona de engañar a sus consumidores poniendo en peligro su seguridad, a la vez que engañaba al propio Congreso con informes y datos distintos a la realidad.

El fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, acompañado por el secretario de Transporte, Anthony Fox, anunciaba hoy en Washington la medida dedicando contundentes palabras a la automovilística: “La conducta de Toyota fue vergonzosa. Mostró una descarada falta de respeto por los sistemas y leyes creados para vigilar la seguridad de los consumidores. Según admitió la propia compañía, protegió su marca antes que a sus propios clientes”. Holder añadía: “En vez de revelar rápidamente y corregir los problemas de seguridad que conocía, Toyota realizó declaraciones públicas engañosas y proporcionó datos inexactos a miembros del Congreso”.

Toyota no puso objeción alguna y admitió su responsabilidad, comprometiéndose a pagar los 1.200 millones de dólares, a cambio, las autoridades estadounidenses “postergarán el proceso judicial y posteriormente desestimarán su caso siempre y cuando Toyota realice el pago monetario que se le exige, cumpla los términos del acuerdo y siga cooperando con el Gobierno”, explicaban desde la compañía.

En un comunicado, Christopher Reynolds, portavoz de la compañía en temas jurídicos se mostraba arrepentido por lo sucedido indicando que “hemos realizado cambios fundamentales en todas nuestras operaciones globales para ser una compañía más receptiva, escuchar mejor las necesidades de nuestros clientes y tomar acciones de forma proactiva para servirles”.

Los problemas de Toyota empezaron en septiembre de 2009, cuando la empresa llamó a revisión a más de 4 millones de vehículos en Estados Unidos, tras sucesivas denuncias de los consumidores, al parecer la alfombrilla situada en el lado del conductor interfería con los pedales y aceleraba el vehículo. El detonante final fue la publicación de la llamada que efectuó un conductor al 911 mientras su automóvil se aceleraba de forma descontrolada terminando con la muerte de varios ocupantes. En enero de 2010 Toyota suspendía la venta y producción de ocho modelos de automóviles. En abril, la Administración Nacional para la Seguridad en la Carretera de Estados Unidos (NHTSA) impuso a Toyota una multa de 16,3 millones de dólares, la mayor posible, por ocultar los defectos durante meses. El director de Transporte de entonces, Ray LaHood, dijo tener pruebas de que Toyota no cumplió con sus obligaciones ocultando información a las autoridades estadounidenses y “no actuaron para proteger a los millones de conductores”.

Ahora llegan las medidas, las correcciones a tantos años de fraude. Cientos de accidentes después se llega a un acuerdo con la compañía, un acuerdo que resta la contundencia de una multa, que por acuerdo pierde la estética de castigo. La cifra histórica de 1.200 millones de dólares resulta llamativa por su enorme cuantía y por supuesto por su carácter histórico, la duda está en qué es lo que se busca con esta medida. ¿La intención es la de penalizar a la compañía por su mala praxis o contentar a la opinión pública con la elevada cifra a abonar? Pudiera cuestionarse extensamente el propósito de las autoridades norteamericanas pero, lo realmente importante es que el resultado a corto plazo sea la erradicación de las negligencias que una vez descubiertas se considere mantener en el tiempo ocultas, silenciadas o disfrazadas de datos manipulados. 

Se antoja que el dinero no satisfará a las familias afectadas, mas si cabe sí sufrieron la pérdida de algún familiar. Considerándose multa criminal, el no contemplar presidio contraría la lógica y posiblemente, desvalore la pena económica.

Todo esto llega cuando General Motor (GM), principal fabricante de automóviles de Estados Unidos, está siendo investigado por un caso parecido. GM ha llamado a revisión a 1,6 millones de vehículos afectados por un problema en el sistema de encendido, problema que puede ser el causante de centenares de muertes. Este aviso se produce 10 años después de que el fabricante recibiera las primeras denuncias.

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