La
inflación vuelve a tasas negativas al caer al -0,1% interanual, según el
indicador adelantado sobre la evolución de los precios en España publicado este
viernes por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Dicho indicador
proporciona un avance del Índice de Precios de Consumo que de confirmarse
supondría una disminución de tres décimas en su tasa interanual, dado que en el
mes de enero el IPC se situaba en el 0,2%. Así, con el -0,1% de febrero, el IPC
igualaría la tasa marcada en octubre de 2013 cuando por primera vez en cuatro
años se entraba en negativo. En noviembre la variación se tornaba positiva con
el 0,2%, lo que llevó al Gobierno a descartar una posible deflación, la cual
requiere una caída generalizada de los precios durante un prolongado período de
tiempo.
Con
una nueva negatividad en la tasa, el término deflación vuelve a escena, y
aunque la probabilidad sea muy pequeña el sólo hecho de pensar en su ocurrencia
provoca cierto recelo. La esperanza la proporciona el hecho de que el IPC llegó
a estar hasta ocho meses consecutivos en tasa negativa, de marzo a octubre de
2009, y no se consideró que se estuviera en situación de deflación. Lo cierto
es que con el dato de febrero se cumplen seis meses de tasas muy bajas.
Atendiendo
a la variación anual del indicador adelantado del Índice de Precios al Consumo
Armonizado (IPCA), que mide la evolución de los precios en todos los países de
la eurozona aplicando el mismo método, éste se situó en febrero en el 0,0% ,
tres décimas por debajo a la registrada justo el mes anterior. Aunque la
información otorgada por estos indicadores es aproximada y orientativa su
similitud con la que posteriormente deba confirmar el Instituto Nacional de
Estadística (INE) no suele diferir en demasía.
El
propio INE considera que el descenso experimentado en la inflación se debe al
abaratamiento de los carburantes y lubricantes, al contrario que sucediera en
febrero de 2013 cuando estos vieron incrementado su precio.
Solo
queda esperar al 12 de marzo, fecha prevista para que se oficialicen los datos,
asumir la negatividad y confiar en su no continuidad en el tiempo. Si bien el
descenso del IPC viene dado por un descenso en los precios pudiera parecer que
su prolongación fuese beneficiosa, al menos para el consumidor pero, esto no
sería así, una inflación negativa implicaría deflación y esta a su vez daría
lugar a un círculo vicioso del que sería difícil salir. Como consecuencia del
bajo consumo, los precios caen y los empresarios se ven obligados a reducir sus
costes de fabricación, con materiales más baratos, menor calidad y por supuesto
menos trabajadores. Los despidos traen consigo un mayor número de desempleados,
menores rentas y por tanto menor consumo, y vuelta a empezar. En cualquier
caso, no parece que vaya a ser esta la situación que marque el futuro económico
español pero sería conveniente no descuidar las señales que envía el mercado ni
caer en la confianza excesiva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario