El
pasado viernes 6 de diciembre tuvo lugar en Berlín una reunión secreta entre
los máximos representantes de la economía europea. La reunión respondía a la
necesidad de afrontar con ciertas garantías la que el Ecofin tiene prevista
para el 10 de diciembre.
Ejerciendo
de anfitrión Wolfgang Schäuble, ministro de economía alemán y como invitados el
presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, el comisario de Servicios
Financieros, Michel Barnier, el presidente del BCE, Mario Draghi, el ministro
de economía español Luis de Guindos, así como sus homónimos de Francia e Italia.
Y sobre la mesa uno de los temas que más quebraderos de cabeza está dando a los
responsables económicos: la unión bancaria.
Obligados
a ponerse de acuerdo antes de fin de año, Alemania acudía al secretismo para
reunirse con los países fuertes de la eurozona, siendo precisamente la posición
germana el principal obstáculo a un acuerdo que no llega. En concreto, no
existe consenso para la creación del Mecanismo Único de Resolución (MUR) de la
zona euro, entidad cuya tarea será la de decidir el futuro de los bancos
inmersos en dificultades, determinando si deben someterse a reestructuración o
directamente ser liquidados. El principal inconveniente se haya en el poder que
se le otorgaría a la Comisión encargada de tales decisiones, Alemania junto con
Reino Unido y Suecia se muestran contrarias entendiendo que este poder
supondría una cesión de competencias nacionales en cuanto a liquidación de
bancos y por tanto habría que cambiar el Tratado de la Unión Europea.
De momento sólo hay
acuerdo sobre el Mecanismo de Supervisión Único (MSU), mediante el cual el BCE
tiene potestad para desempeñar tareas específicas relativas a la estabilidad
financiera y la supervisión de los bancos.
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