sábado, 16 de noviembre de 2013

Blockbuster: la caída de un gigante



 
La compañía estadounidense Blockbuster LLC de alquiler de películas y videojuegos, propiedad de Dish Network, ha anunciado que suspenderá su negocio de alquiler de películas por correo a mediados del mes de diciembre y cerrará sus 300 tiendas que aún le quedan en Estados Unidos a principios de 2014.
 
Blockbuster, en bancarrota desde el año 2010 salió a subasta siendo adquirida por su actual propietaria, Dish Network, el segundo mayor proveedor de televisión por satélite en Estados Unidos, en abril de 2011 por unos 320 millones de dólares.
 
Dish Network, se vio obligada a ir reduciendo la presencia internacional de Blocbuster cerrando cientos de videoclubs, como en Colombia donde cesó por completo su actividad tras más de 15 años, y por supuesto en los propios Estados Unidos donde las tiendas se redujeron a 500 frente a las más de 4.000 que llegase a tener en su mejor época. Hoy en día son 300 tiendas las que aún lucen en su puerta la firma de “Blockbuster”, pero es sólo cuestión de poco más de un mes para que dichos locales echen el cerrojo definitivo en un adiós sin vuelta atrás.
 
La compañía líder que lo fuera en alquiler audiovisual vive hoy las consecuencias lógicas de no haber sabido prestar atención a su entorno, a la realidad del mercado en el que se movía, así como a los propios clientes de sus tiendas. Nunca se paró a echar un vistazo a la evolución del mercado, ni a las tendencias de los consumidores de este tipo de producto de entretenimiento. Blockbuster se acomodó en el poder, se cegó y aun peor se durmió.

Joseph P. Clayton
Una empresa de esta magnitud, con un mercado tan enorme que manejar nunca debió confiarse ni caer en la relajación, lo más hiriente lo encontramos en la elevada importancia que ha ido adquiriendo en la última década la industria de las telecomunicaciones en progresiva compenetración con la del ocio. Blockbuster se mostró ajena a todo ello. El propio presidente de Dish Network, Joseph P. Clayton comentaba recientemente con motivo del cierre de Blockbuster: “no es una decisión fácil, pero la demanda de los consumidores se dirige claramente a la distribución digital del entretenimiento audiovisual”. La ignorancia alcanzaba así su máxima expresión, pues la demanda de los consumidores no es que se esté dirigiendo en estos momentos a lo digital sino que hace tiempo, mucho tiempo que lo hizo.

La despreocupación por su negocio con especial olvido de las necesidades y requerimientos de sus clientes terminaron por condenar a Blockbuster a la extinción. Fue precisamente uno de sus clientes que molesto por la abusiva medida tomada por la compañía de cobrarle 40 euros por no haber devuelto a tiempo “Apolo 13” quien decidió crear su propia empresa, una empresa comprensiva con el consumidor, que no lo castigara con tal severidad. Este cliente descontento es Reed Hasting, fundador de Netflix, empresa de entretenimiento audiovisual con base en la red, un macro videoclub que se sirve de la plataforma virtual para ofrecer sus productos vía streaming, también por correo postal (solo en Estados Unidos). El cliente de Netflix paga una cuota mensual que le da derecho a consumir de forma ilimitada el contenido audivisual del catálogo ofrecido por la empresa, un catálogo con multitud de títulos. Este catálogo se va personalizando con el uso, adaptándose a las características y preferencias del consumidor, quien puede optar por realizar la visualización por televisión, ordenador, smartphone, tableta electrónica, etc.
 
Reed Hasting
Netflix cuenta con más de 30 millones de usuarios en todo el mundo, si bien en primera instancia se centró en expandirse por los Estados Unidos poco después entró en el mercado canadiense y seguidamente por toda Sudamérica. Hoy en día empieza a llegar al continente europeo con un primer contacto en Reino Unido e Irlanda, con la intención de que los países nórdicos le abran la puerta al resto de Europa. En definitiva, Netflix y más concretamente Reed Hasting demostró que los tiempos y las condiciones del mercado cambian, lo único que hay que hacer es estar atentos a esos cambios, estar preparados y llegado el momento actuar.
 
Es adaptarse o morir.
 
 

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